
Después de organizar viajes durante veinticinco años, he descubierto algo que nunca imaginé.
Las personas casi nunca dejan de viajar por el destino.
Ni siquiera por el dinero.
La mayoría de las veces dejan de viajar por una frase.
No siempre la dicen en voz alta.
A veces apenas la piensan.
Pero ahí está.
Silenciosa.
Convincente.
Y suficientemente poderosa como para dejar un pasaporte guardado en un cajón durante años.
«Ya habrá tiempo.»
«Cuando me jubile.»
«Primero tengo que resolver otras cosas.»
«No es el momento.»
«¿Y si mejor el año que entra?»
Después de escuchar esas frases durante tantos años, entendí algo.
Casi ninguna habla realmente de un viaje.
Hablan de la forma en que aprendimos a vivir.
Y eso cambió por completo mi manera de ver este trabajo.
Yo pensaba que ayudaba a organizar itinerarios.
Hoy creo que, muchas veces, lo que hago es acompañar a una mujer a dar permiso al viaje que lleva años posponiendo.
Porque antes de comprar un boleto de avión, siempre ocurre algo mucho más importante.
Nos contamos una historia.
Y las historias que nos contamos terminan convirtiéndose en nuestras decisiones.
«Ya habrá tiempo.»
Si tuviera que elegir la frase que más viajes ha cancelado en estos veinticinco años, probablemente sería esta.
No porque sea malintencionada.
Sino porque suena tranquila.
Suena responsable.
Suena prudente.
Pero el tiempo tiene una costumbre que nunca nos dice.
Sigue avanzando, aunque nosotros decidamos esperar.
Mientras repetimos «ya habrá tiempo», cambian nuestras circunstancias.
Cambia nuestra salud.
Cambian las personas con las que soñábamos compartir ese viaje.
Y cambiamos nosotras.
Por eso hoy prefiero decirme otra cosa.
Si de verdad es importante para mí, empezaré a construirlo desde hoy.
No significa salir mañana rumbo a Japón.
Significa dejar de tratar nuestros sueños como si siempre fueran a estar disponibles.
«Lo que es para mí llegará.»
Es una frase bonita.
Y quizá funcione para algunas cosas de la vida.
Pero nunca he visto que Venecia llegue sola.
Ni que un crucero aparezca por casualidad.
Ni que una amistad nazca porque sí.
Los viajes suceden cuando alguien toma una decisión.
Cuando aparta una fecha.
Cuando empieza a ahorrar.
Cuando vence el miedo.
Cuando dice: «Voy.»
Muchas de las mujeres que hoy viajan conmigo no esperaron a sentirse completamente listas.
Simplemente entendieron que, si seguían esperando el momento perfecto, probablemente nunca llegaría.
«Primero los demás.»
Esta es una frase especialmente conocida por muchas mujeres de nuestra generación.
Durante años aprendimos que cuidar de nosotras podía parecer egoísmo.
Que nuestros sueños podían esperar.
Que primero estaban los hijos, la pareja, el trabajo, la casa…
Y cuando todo estuviera resuelto, entonces sí podríamos pensar en nosotras.
Pero la vida rara vez queda completamente resuelta.
Siempre habrá algo pendiente.
Siempre habrá alguien que necesite algo.
Y mientras esperamos ese momento ideal, dejamos en pausa una parte de nosotras.
He visto algo muy hermoso en los viajes de Vamos.
Las mujeres que se dan permiso de viajar no regresan siendo más egoístas.
Regresan más presentes.
Más alegres.
Más seguras.
Más ellas.
Y eso termina beneficiando también a quienes las rodean.
«Nunca es tarde.»
Quiero mucho esta frase.
Porque devuelve esperanza.
Pero, con los años, aprendí a hacerle un pequeño cambio.
Prefiero decir:
Hoy sigue siendo un buen día.
Porque esa frase no invita a esperar.
Invita a empezar.
No sabemos cuántos viajes nos quedan.
No sabemos cuántas oportunidades volverán.
No sabemos si dentro de cinco años tendremos las mismas ganas, la misma energía o las mismas personas a nuestro lado.
Y no hace falta vivir con miedo para entender algo tan sencillo.
Hay sueños que merecen dejar de vivir en «algún día».
El primer viaje
Después de tantos años organizando viajes, descubrí que el mayor obstáculo casi nunca es el presupuesto.
Ni el idioma.
Ni el avión.
Ni siquiera el miedo.
Muchas veces es una frase que repetimos desde hace tanto tiempo que dejamos de cuestionarla.
Y quizá crecer también consista en eso.
En revisar las ideas con las que hemos vivido.
Quedarnos con las que nos impulsan.
Y despedir, con cariño, las que sin darnos cuenta nos hicieron posponer demasiadas cosas.
Porque los viajes cambian la vida.
Pero casi siempre hay un viaje que ocurre antes que todos los demás.
El que hacemos cuando dejamos atrás las frases que nos mantenían en el mismo lugar.

Totalmente de acuerdo. Después de ir a un viaje ya no regresamos igual.