Los viajes también se marchitan

No todos los viajes se cancelan.

Algunos simplemente dejan de existir.

No porque alguien nos diga que no podemos hacerlos.

No porque un día decidamos que ya no queremos viajar.

Sucede de una manera mucho más silenciosa.

Guardamos un folleto en un cajón.

Marcamos un destino en el mapa.

Le decimos a una amiga:

«Algún día tenemos que ir.»

Y pasan los meses.

Después los años.

Hasta que dejamos de volver a mirar ese lugar.

El viaje nunca se canceló.

Solo dejamos de visitarlo.

Hace unos días leí la historia de una persona que descubrió que una de sus piernas tenía menos músculo que la otra.

No estaba lesionada.

Simplemente, durante años, había dejado de apoyarse en ella.

El cuerpo había aprendido a no contar con esa pierna.

Y entonces entendí que con los viajes pasa exactamente lo mismo.

No desaparecen de golpe.

Se van debilitando cuando dejamos de pensar en ellos.

Cuando dejamos de ahorrar para ese destino.

Cuando dejamos de renovar el pasaporte.

Cuando dejamos de leer sobre ese país que nos emocionaba.

Cuando dejamos de hacer planes.

Cuando empezamos a repetir frases como:

«Ya estoy grande.»

«Algún día.»

«Más adelante.»

«Ahorita no.»

Y un día terminamos convencidas de que ya no somos esa mujer que quería recorrer el mundo.

Pero quizá no sea verdad.

Tal vez esa mujer sigue ahí.

Simplemente lleva mucho tiempo esperando que vuelvas a contar con ella.

Después de más de veinticinco años organizando viajes, he descubierto algo que me emociona una y otra vez.

Nunca he visto que una mujer recupere primero un viaje.

Lo primero que recupera es la ilusión.

Después vuelve la curiosidad.

Empieza a hacer preguntas.

Se imagina caminando por una ciudad.

Se atreve a decir «¿y si sí?»

Y solo entonces…

compra un boleto.

Por eso nació Vamos.

No para vender viajes.

Eso cualquiera puede hacerlo.

Nació porque durante muchos años vi cómo había mujeres que no viajaban, no porque no quisieran, sino porque pensaban que ya era tarde, porque no tenían con quién ir o porque el miedo había ocupado el lugar de la ilusión.

Y descubrí algo precioso.

Cuando una mujer encuentra una comunidad que la acompaña, el primer viaje rara vez transforma únicamente sus vacaciones.

Muchas veces transforma la manera en la que vuelve a verse a sí misma.

Eso es lo que más me emociona.

No que conozca Barcelona.

No que suba a un crucero.

Sino verla regresar diciendo:

«No sabía que todavía podía hacer esto.»

Mientras escribo este artículo, estamos formando el grupo que viajará a Barcelona.

Y no quiero contártelo para convencerte.

Quiero contártelo porque quizá, mientras lees estas líneas, te has dado cuenta de que llevas demasiado tiempo posponiéndote.

Tal vez Barcelona no sea ese viaje.

Y está bien.

Pero quizá sí lo sea.

Y si algo dentro de ti se movió al leer este artículo, quiero que sepas que esa puerta está abierta.

No tienes que recorrer ese camino sola.

Para eso existe Vamos.

Una comunidad de mujeres que decidió dejar de decir «algún día» para empezar a decir «¿cuándo nos vamos?»

Si quieres conocerla, aquí puedes hacerlo:

👉 AQUÍ ESTÁ EL ENLACE A VAMOS

Porque los viajes no suelen morirse de un portazo.

Se marchitan cuando dejamos de visitarlos.

Y la buena noticia…

es que también pueden florecer otra vez.

Solo necesitan que vuelvas a aparecer.

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